Miguel de Cervantes, aunque pobre,
siempre Grande.
Felipe Colménter.
Revisando la
vida del Manco de Lepanto, conseguimos una serie de elementos que llaman
nuestra atención: Nació en Alcalá de Henares, y se le podía tildar de español
de pura Cepa. Fue un Guerrero incansable en la lucha por la grandeza de España,
de allí, las heridas que le imposibilitaron su mano izquierda. Por una orden
judicial estuvo a punto de perder la diestra,
pero, afortunadamente, logró escapar y años más tarde, el Don Quijote
poder publicar. En su adolescencia fue tímido y tartamudo y en su juventud,
Soportó cárcel y destierros. En una oportunidad, sentenciado a dos mil azotes,
se le perdonó su condena lo que equivalía a salvar su vida. Por su forma de
ser, contestatario, se granjeó desafectos y por mala suerte no contó con
mecenas que financiaran o respaldaran sus producciones literarias. En una
ocasión confrontó y criticó a la Iglesia, por sus excesivas recaudaciones del
Diezmo y ventas de indulgencias, lo que le valió la Excomunión. Debido a la
pobreza y profesión de su padre, barbero cirujano andante, viajaron y
conocieron muchas provincias españolas, en su eterno deambular itinerante con
acreedores acechantes. Su familia de origen musulmán Judío, mediante conversión
practicaron el cristianismo. Aunque
muchos comerciantes de su época, pasaron
de la esclavitud a la riqueza renunciando a su fe, de allí la sentencia “Es más
fácil que un camello pase por el ojo de una aguja que un rico entre en el Reino
de los Cielos”. La ignorancia y el analfabetismo era uno de los males del
Reino, incluidos los pudientes, sin embargo dos de sus hermanas sabían leer y
escribir perfectamente. No hay evidencias de que Cervantes haya obtenido título
universitario alguno, aunque estudió en colegios regentados por Jesuitas. Cuando
editan El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha, en 1605, Cervantes cuenta
como todo humano con fortalezas y debilidades: un hombre enjuto, delgado, de
cincuenta y ocho años, tolerante con su turbulenta familia, poco hábil para
ganar dinero, pusilánime en tiempos de paz y decidido en los de guerra. A
principios de 1616, El 19 de abril, recibió la extremaunción y al día siguiente
redactó la dedicatoria al conde de Lemos, “… el tiempo es breve, las ansias
crecen, las esperanzas menguan y, con todo esto, llevo la vida sobre
el deseo que tengo de vivir...». Casi al final de sus días, un Censor cultural
de la época, le da a conocer a Cervantes detalles de una conversación, acerca
de él, con embajadores franceses «Preguntáronme muy por menor su edad, su
profesión, calidad y cantidad. Halléme obligado a decir que era viejo, soldado,
hidalgo y pobre, a que uno respondió estas formales palabras: "Pues ¿a tal
hombre no le tiene España muy rico y sustentado del erario público? Y otro arguyó "Si necesidad le ha de
obligar a escribir, plaga a Dios que nunca tenga abundancia, para que con sus
obras, siendo él pobre, haga rico a todo el mundo"». Ese fue Miguel de
Cervantes pobre de riquezas y abundante de cultura y de un lenguaje, que aunque
impuesto, hoy llevamos con orgullo y satisfacción en América Hispana, Europa
Castellana y académicamente aplicado en el mundo civilizado de hoy, en Asia, África, Oceanía, Oriente y Occidente. ¡En un
texto y contexto eterno!
No hay comentarios.:
Publicar un comentario