martes, 10 de mayo de 2016

Carache: Historias y Memorias.
Dedico a, Pedro Fuentes. El Amigo.
Felipe Colménter
“NO SE ES DE DONDE SE NACE, SINO DE DONDE SE HACE”. Polín.

El Estado Trujillo está lleno de escritores de buena pluma, como la marca fuente, con capacidades inmanentes, para el estudio de los fenómenos históricos y sociológicos. Uno de ellos representado en Pedro Fuentes, carachero a carta cabal y comprometido con el porvenir de su Matria. Juzguelo Usted mismo en el presente párrafo: “ Aprendo desde lo pequeño, desde el vecindario y nuestros caseríos, desde nuestras esquinas y fogones, desde nuestras vegas y páramos, desde nuestro frío y calor, desde nuestro realidiario e imaginario, Para levantar la casa grande de lo nacional. No hay Carache imaginable si no está en el recuerdo, y no hay Carache posible si no deviene en construcción de nuestra historia viva, pasada o presente; de nuestros campos, ríos y quebradas, de su gente común, y no tan común, de sus imágenes, de sus olores y sabores, las emociones del canto y el llanto” Este es el abreboca de su Tesis para ascender a Profesor Titular de la Unesr. Más adelante expresa con convicción tajante: “ Carache y los pueblos de Trujillo se han dormido en sus historias y memorias y han descuidado  su conocimiento, difusión, análisis, crítica y, aunque hechos letra, ahí se agotan; ya que letra que no es leída y comprendida no es palabra, es solamente mancha en el papel o garabato intrascendente, siendo el olvido la impronta de las generaciones trujillanas actuales y a las cuales el sistema educativo no ha dado respuestas”. Y  va más allá cuando sentencia:  “Nuestros pueblos deben recordar para poder vivir y saber que estamos vivos. Me aferro a la conciencia y me ato a una cuerda en el recuerdo que me retrotrae a mi pasado y a las imágenes, ellas están ahí, viven conmigo. Imágenes y recuerdos que al socializarlas y hacerlas colectivas se convierten en representación de una época, es decir identidad que se aferra a la Matria”. Son sus vivencias estampadas con proyección de futuro y que no es más que dar a conocer “ La experiencia vivida con ribetes históricos es algo que ya pasó, pero que mediante la narración, que no pretende explicar nada pues sería historia, se permite relatar lo que se vivió”. Más aún,  sin ser metodólogo de la historia, sin siquiera pensar en ello, propone algunas Ventajas para hacer Microhistoria: 1 Ser protagonista de eventos vividos. 2 Acceso a documentos originales, recabar información fiable en instituciones serias. 3 Entrevistas a personajes in situ, que dan fe de los hechos vividos. 4 Instinto, Ganas y garras para la temática. 5 Practicante y ejecutante de tradiciones y parrandas con corolario detallado incluido.

El trabajo de Pedro es un caleidoscopio de aconteceres donde resaltan músicos como el Catire
Víctor Durán, del cual expresa: “hombre de suave hablar y chispeante reír. En vida se hizo mito y la elegancia de su música, a través de la mandolina, lo hizo diapasón de serenatas, querencias, amores y recuerdos y, aunque no historiado, su legado pervive en el vals Carache. Durán, no fue mercenario de la música, sino ejecutor del compás agradable, loable, mundano, soñado y sagrado. Cuentan los caracheros, que los espantos del Catire son musicales y agradables y en vez de asustar cautivan!  Otros, tambaleantes en parrandas anhelantes y delirantes, mascullan, Ojalá nos espantara!

En cuanto a la Gastronomía Carachera. Fuentes, comelón por antonomasia, en su gula afirma:
“No hay pueblos sin secretos ni olores. No hay pueblos vacíos de historias y sabores. La cocina
es altar donde su dueña se convierte en sacerdotisa del gusto. Cocinas del luto y de la alegría,
cocinas de todos los días. En Carache y los pueblos de Trujillo el acto de comer es regocijo a la
par de una mesa dispuesta siempre al que ha de llegar. Pueblo de buena mesa y de buena
bebida. De recetas familiares celosamente guardadas que nunca se revelan completas a quienes tienen la osadía de preguntar. En fin, quien vaya a Carache disfruta y comparte el mute en la mesa es, a la vez, beneficiario de amistad, olor, gusto y sabor. En tiempos pasados, se llegó a pregonar que, Con una taza de mute come la mamá y el sute”.

En cuanto a la hospitalidad, la Casa de Mamá Lola, fue una especie de refugio en donde se
albergaba a propios y extraños, sin discriminación alguna, era asilo, punto de llegada y de partida, centro del yantar y del cantar, así lo quiso Mario Fuentes, sus ascendientes y descendientes, Cesar y Pedro. Era retribuir a otros la buena acogida de los inmigrantes europeos, que también, como gitanos con estadías cortas, largas o definitivas, se habían desparramado por nuestras comarcas a mediados de siglo XIX. Aly Primera, ayer, Felipe Colménter, Daniel El Guajiro, El Negro Ruka, hoy, hemos sido testigos de esos buenos anfitriones y  también favorecidos con sus atenciones!

Existen otros detalles que el ensayo de Pedro ha arrojado. En cuanto a la Educación, señala en la investigación, que la Escuela o Grupo Escolar Adolfo Ernst, en principio era sólo para varones ya que las hembras estudiaban en la Escuela Federal Dr. Seijas. Luego, llegaría el modernismo y junto a el, la propuesta de la educación mixta, cumpliéndose así, el reclamo o llamado que el Maestro de América, Simón Rodríguez, realizara a principios del siglo XIX. En aparte titulado la ruta perdida señala, que la construcción de la carretera Trasandina perjudicó y  arrinconó pueblos como Carache, Santa Ana, Bolívia y el mismo Trujillo. Sin tener dotes de Ingeniero, planificador futurista, o Agrimensor reclama hoy, igual que lo hiciera ayer su tío Adolfo Fuentes, la construcción de un ramal carretero que una a Carache con el Tocuyo, aduciendo las ventajas que esto traería para esos pueblos que prácticamente enclaustraron en la Geografía Trujillana. Sería la proyección de esos pueblos a un futuro promisor. Por último, aunque no tenga ese orden, se hace mención a la llegada de la Gran Recreación, El Cine, y que el autor bautiza como Las Imágenes Rotas debido a roturas del celuloide, lo que ocasionaba cortes en las películas y la protesta airada y cargadas de improperios y groserías contra los dueños del cine, el encargado de la proyección, donde la Madre era paseada como si se tratara de su onomástico, celebración, aunque sin ser el mes de Mayo. Corrían los años sesenta y el cine mexicano estaba en su esplendor, los vaqueros o Cowboy eran los que marcaban la pauta del machismo, y al decir de Pedro: “Cuando el protagonista peleaba a coñazos, con los bandidos, nunca se le caía el sombrero, no recargaba las armas y los únicos que salían jodidos eran los indios”. Según el autor, existieron tres salas de cine: El Principal, de Hercules Santilli, hombre emprendedor que intenta modernizar a Carache con establecimientos comerciales más atractivos y epocales. El Lux, siendo uno de sus dueños Tomás Godoy, quien fungía de saltimbanqui con películas ambulantes en pueblos y aldeas cercanas. El Orión, con un matiz cultural y religioso, que ostentaba el Padre Parra. En fin, es recrearse, embadurnarse, e impregnarse de Historia con Memoria!